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Pautas y consejos

¿Es posible establecer los límites con respeto a los niños?

El tema de la disciplina, los límites y la obediencia sin duda nos trae de cabeza a los padres. En nuestro día a día en la consulta nos encontramos con este tema continuamente. Es habitual afirmaciones como  si antes no ocurría esto, que los niños no obedecen, que si en nuestros tiempos no era así…

Me gustaría poder realizar una reflexión cuidadosa sobre la disciplina. Se me ocurren mil preguntas, ¿nuestras expectativas son ajustadas con respecto a los niños, a lo que son capaces de hacer o no? ¿realmente un niño puede “obedecer” a los padres a pies juntillas? ¿Y sería positivo para su desarrollo? ¿Los límites son necesarios? ¿Cómo establecerlos de forma razonable? Un sinfín de preguntas a las que vamos a intentar responder desde nuestra posición. Agradecemos tus comentarios si no estás de acuerdo y, por supuesto, también si lo estás:

 

1)   Los niños necesitan un entorno predecible, en el que se incluyan rutinas. Pues bien, la mayoría de comportamientos como rabietas o negativismo se pueden PREVENIR. Es importante saber qué puede y qué no puede hacer un niño según la edad. Un niño de dos años por ejemplo, podrá estar sentado poco tiempo. Por su nivel de desarrollo necesita movimiento, exploración… Su atención es limitada. Por lo tanto, imaginaos, que lo llevo al cine. ¿Qué ocurrirá? ¿Es desobediente? Evidentemente no, es que no está preparado para esa actividad.  O cuando de repente recojo a mi hija y la llevo toda la tarde de compras al centro comercial, sin dejar que se pare en el parque, ¿pero cómo no va a protestar? Todos tenemos obligaciones que hacer, pero a veces no somos conscientes de la cantidad de cosas que le pedimos a los niños sin estar preparados para ello.

2)   ¿Aprendemos con los castigos? Pues fíjate, lo que nos hace aprender son las CONSECUENCIAS DE NUESTROS COMPORTAMIENTOS  Fíjate, vamos a pensarlo con calma. La vida une determinados comportamientos de forma natural con otros. Hay cosas que hago que me hacen sentir bien y otras, por el contrario, no acaban del todo por gustarme, lo que produce que tienda a repetir o no, que aprenda. Pues bien, si hemos establecido ciertas rutinas, el hecho de experimentar de forma natural que “si no cumplo esto me quedo sin esto otro” “si hago esto obtengo esto otro de forma natural” es mucho más efectivo y tiene menos consecuencias emocionales negativas que los castigos. A mi hija por ejemplo le chiflan los cuentos, podría estar horas y horas con ellos. Después de cenar siempre nos sentamos con varios para leérselos. Y después va a la cama y toma su vaso de leche. Le encanta esta rutina. Pues bien, cuando se niega a cenar porque la comida no le gusta del todo, o de repente está más alterada y no quiere sentarse, sabe que con tranquilidad (muy importante estar calmados para esto) irá a la cama sin cuento ni leche. Creedme es muy efectivo. Al fin y al cabo, la vida es limitación. Es condición de la vida para todos, para los niños también. La mayoría de las normas claras y razonables sirven para proteger y mantener un entorno relajado, así que los niños se verán beneficiados y les ofrecerá SEGURIDAD. Os recomiendo un magnífico libro de Rebeca Wild, Libertad y límites. Amor y respeto; donde podréis aprender muchísimo de la importancia de este tema.

3)   LA IMPORTANCIA DEL TONO DE VOZ Y LA EXPRESIÓN. Muchas familias acaban chillando todo el día detrás del niño (que recojas, ven aquí, no te distraigas, que te manchas, ponte a estudiar… Os suena, ¿eh? Utilizar un tono de voz adecuado es fundamental, SERIO, pero no enfadado, FIRME, pero en tono de voz bajo, sin gritar. ¿Y qué pasa si protesta o llora? Pues déjalo que lo haga, está en todo su derecho a expresar sus emociones ante las consecuencias. En el ejemplo que os puse antes, cuando a un niño se le dice con calma, no pasa nada cariño, no cenes (o has tirado el plato), vete a la cama sin cuento ni leche… Es muy posible que proteste, ¡pues claro! Permítele hacerlo, está en su derecho y lo necesita. Poco a poco irá canalizando esas emociones, identificándolas, poniéndoles nombre e intentando calmarse. Sería poco respetuoso e inefectivo  reprenderle en ese momento.

4)   NUESTRO AMOR ES INCONDICIONAL. Y eso hay que dejarlo claro. No podemos jugar a que ya no te quiero si haces, si no lo haces como yo digo entonces no te quiero, me enfado y no te quiero porque haces esto así o asá. El riesgo es que nuestros hijos crezcan con una baja autoestima, resentimiento y vergüenza.

Pero fijaos, algo más sobre esto. A los hijos no hay que enseñarlos a cómo pensar y no tanto a qué pensar. En los años 60 Milgram en la universidad de Yale realizó un experimento sobre la obediencia a la autoridad. Sería largo de explicar pero los resultados fueron sorprendentes. La mayoría de las personas que participaron fueron capaces de infringir dolor a otras personas (era simulado a través de descargas eléctricas, aunque ellos no lo sabían) porque una persona que parecía muy importante se lo demandaba. Incluso la simulación en algunos casos les llevaba a la muerte. ¿Es lo que queremos para nuestros hijos? ¿Queremos que se conviertan en adultos sumisos o en personas asertivas capaces de defender sus opiniones? Ser un niño/a de los llamados “bueninos”, que no dan que hacer, que parece que no están, que se adaptan… ha de hacerte pensar si están ocupando en exceso el papel que nosotros como padres esperamos de ellos y no tanto su verdadera personalidad como hijos.

Lo que los niños necesitan de nosotros son límites claros (pocos y bien definidos), expectativas realistas y cierta libertad de movimientos que les permita explorar, experimentar… vivir. Les ayudará a formarse como personas capaces de pensar y formar sus propias opiniones.

¡Os animamos a intentarlo!

 

Categorías: enBienestar, Libros, Nos cuesta, Nos cuesta relacionarnos con calma, Problemas con los hijos, Relación con los demás

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