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La pérdida de un ser querido es de esas cosas que le dejan a uno sin palabras. Todos sabemos que la muerte forma parte de la vida, pero no es lo mismo saberlo que sentirlo.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se desarrolla un duelo normal?

Si acabas de perder a un ser querido, es normal que estés triste y desalentado. Afrontar el duelo es una de las consultas más frecuentes de ayuda, ya que es un acontecimiento vital que nos recuerda la dureza de la vida y que en algún momento todos afrontamos.

El proceso de duelo “normal” es aquel que nos permite elaborar y darle un sentido a la pérdida de alguien a quien amamos. La duración es variable y puedes pasar por momentos de  incredulidad, negación, rabia, pasando por la tristeza hasta llegar a la adaptación a la vida sin esa persona.

¿Cómo podemos saber que algo no va bien?

El problema surge cuando en determinados momentos el proceso no fluye y nos quedamos “estancados” en una de estas etapas. Siempre hay una razón para ello, la relación que teníamos previamente con la persona antes de la muerte, o bien la forma en la que perdió la vida, si me pude despedir o no expresando mis sentimientos… o bien si tengo otros duelos no resueltos que vienen a reabrirse con esta pérdida.

¿Cuál es el objetivo de la psicoterapia?

Con la psicoterapia intentamos acompañarte en el proceso de búsqueda, en la resolución. No se trata de olvidar a la persona querida, pero sí dejarla ir para poder continuar con mi vida en el momento en el que ya estoy preparado.

¿Cómo abordar la pérdida de un ser querido con los niños?

La reacción ante la muerte de los niños dependerá, en gran medida, del estilo de crianza de los padres y familiares antes de la pérdida. Si los padres no le tienen miedo a la muerte, si no han protegido a sus hijos sino que han compartido con ellos… entonces no tendréis problemas con ellos (Elisabeth Kübler-Ross). Muchas veces tenemos la sensación de que los niños no se enteran de nada y, por mi experiencia, es que más bien todo lo contrario, perciben absolutamente todo lo que ocurre en la familia. Por lo tanto no intentéis proteger en exceso a vuestros hijos de lo que está pasando, compartirlo a su nivel. Lo único que conseguiréis si lo hacéis es protegeros a vosotros mismos, mientras se impide la oportunidad de crecer para ellos. Al fin y al cabo, la muerte forma parte de la vida y ellos tienen también derecho a expresar sus emociones.