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Creo que no existe una palabra más usada en artículos de divulgación que la tan manida “autoestima”. Pero realmente, ¿de qué estamos hablando?

La autoestima sería la capacidad de uno mismo de establecer una identidad (¿quién soy? ¿soy simpática, alta, desprendida, capaz de estudiar, torpe?) y darle un valor (¿me gusta lo que soy? ¿cómo valoro mi cuerpo, mi personalidad, mi forma de moverme?).  Esta opinión de nosotros mismos produce que nos propongamos retos más o menos desafiantes, o que evitemos determinadas situaciones por no considerarnos capaces a sacarlas adelante.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo se va formando este concepto de uno mismo?

Hay una pregunta muy reveladora que me gusta hacer en consulta, ¿qué has escuchado hablar de ti en tu familia?. Parece que el estilo de crianza de los padres durante los tres o cuatros primeros años facilita la cualidad de autoestima inicial del niño. Tiene sentido, al fin y al cabo, los mensajes que recibimos al inicio de nuestras personas queridas son lo que van conformando lo que siento que soy (eres igual que tu padre, qué desordenada, eres preciosa…). La mirada que los padres establecen hacia sus hijos conformarán su propia mirada de adultos. El niño podrá reconocerse, quererse, estimarse y valorarse siempre y cuando alguien lo quiera, estime y valore.

¿La autoestima es modificable?

Afortunadamente podemos replantearnos ciertas cosas de nosotros mismos. Hay una frase que me gusta mucho, la opinión de los demás sobre ti no tiene que volverse tu realidad (Christophe André).  Así es, la vida nos pone oportunidades para cuestionarnos cosas, para conocernos y revalorizarnos. Otras personas se cruzan en nuestra vida que nos ayudan, nuevos retos, trabajos o aficiones… En fin, que menos mal que nuestras percepciones no se mantienen rígidas toda la vida.

¿Podemos sufrir también por un exceso de autoestima?

La autoestima alta pero frágil hace sufrir. Se trataría de personas arrogantes que generan rechazo en los demás. Tratar de ser centro de atención en todo momento, no reconocer nunca errores, no ser capaces de dar mi brazo a torcer. Este tipo de situaciones pueden hacerte sufrir mucho. Sería algo así como una máscara que hace parecer que estás muy seguro, pero en el fondo es eso, una apariencia que te hace sufrir mucho y que no te permite conectar contigo mismo.

¿Qué sería tener una sana autoestima?

Tomando a Jorge Bucay, tener una buena autoestima significa ser verdaderamente quien soy, autónomo/a, capaz de poner límites, orgulloso/a de ser quien soy y, por último, absolutamente abierto/a a recibir todo lo bueno que me he ganado.

¿No crees que merece la pena intentarlo?