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Testimonios

Cuando pienso en el inicio de mis sesiones contigo sólo puedo decir que entraba hecha polvo, con ruido en la cabeza como si me zumbaran mil avispas y salía relajada, tranquila. Como que me centraba, me ordenaba. En aquellos días sólo dejaba de sentir angustia sentada en tu consulta o de viaje en el coche. No podía estar quieta en ningún sitio. No era capaz de enfrentarme a nada y estaba tremendamente triste y asustada.

Todo ese periodo de tiempo supuso sobre todo conocerme a mí misma, ver de lo que puedo ser capaz y sobre todo apreciarme más. Al subirme la autoestima (…) me enfrentaba al mundo mucho más cómoda en mi piel. Y sobre todo me tranquilizaste, se fue la presión que sentía poco a poco. Aprendí a perdonarme, a reírme conmigo y no de mí misma y a apreciarme y gustarme como si yo fuera una amiga. El caso es que, aunque suene algo raro, me caigo muy bien.

”Arancha” - ”43

Cuando pienso en el inicio de mi terapia, me viene a la mente siempre la siguiente imagen:

Estoy dentro de un pozo. Está oscuro. A lo lejos se ve una luz y una mano. Yo tengo la mano levantada e intento alcanzar la mano de mi psicóloga. Conforme va avanzando la terapia y voy trabajando con ella, esa mano consigue coger mi mano y sacarme del pozo.

Merece la pena todo el trabajo duro. Los resultado son muy satisfactorios.

”Sara” - ”36